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PLAYA DE MEMORIAS

Playa de memorias, pulpos y flores

 

En honor a Mauricio Trujillo Uribe y Omaira Montoya Henao

 

Era el año 9 de septiembre de 1977 y yo iba en mi querido auto, un simca verde, con mi compañera de trabajo Omaira Montoya Henao, una bacterióloga y al igual que yo militante del ELN, todo estaba muy tranquilo esa tarde en Barranquilla, pero en la carrera 44 con la calle 72 fuimos interceptados abruptamente por un grupo de hombres por lo que Omaira y yo bajamos rápidamente del auto y salimos corriendo, nos fue imposible escapar, a ambos nos agarraron y nos llevaron en una camioneta del Servicio de Inteligencia (SIPEC), mejor conocido como F2 , hasta una playa, una vez allí comenzaron a golpearme y torturarme, mi compañera estaba padeciendo la misma situación abyecta, hasta que en un punto perdí el conocimiento.

 

Estaba en una playa, pero esta era distinta, era más bella, podía ver a los lejos del mar unos pulpos navegando, la playa estaba llena de retratos y escritos, no entendía en dónde me encontraba y lo último que recordaba era estar en una playa con un ambiente muy frío y lúgubre.

 

¿En dónde me encontraba y cómo había llegado aquí? Eran algunas de las preguntas que suscitó en mí estar tan perdido en este lugar, vi a lo lejos estacionado en la playa un auto verde con placas HU3833, no sé porque me resultaba familiar ese número, avancé hasta él para ver si quizá había alguien adentro que pudiera explicarme en dónde me encontraba y me hablara del lugar, pero cuando llegue me asome por la ventana y no había nadie, al mismo tiempo vi el reflejo de mi rostro y a penas en ese momento comencé a preguntarme quién era ese sujeto en mi reflejo, cómo se llamaba y a qué se dedicaba, solo en ese instante me di cuenta que no sabía quién era y que simplemente lo había olvidado de memoria de un momento a otro.

 

Tirado en el suelo al lado del auto decidí subirme en él y con unas técnicas que recordaba no sabía de dónde, lo encendí, naufragaba en la extensa playa buscando a alguien que me pudiera decir que era ese lugar, pero fue frustrante así que dejé el auto y volví a tirarme en las tiernas arenas de la costa, no toleraba estar perdido en un lugar que de algún modo me generaba tanto aplomo y cuando iba a entrar en una crisis total vi cerca de mi uno de esos retratos que había visto sin mayor reparo cuando desperté. Pero, este que estaba a mi lado era particularmente llamativo en él tenía una foto mía un poco más joven, con mis cejas gruesas, un poco narigón y con esa boca chiquita, además en la fotografía me acompañaba una mujer de una sonrisa bella, cejas delgadas y pelo castaño, ambos teníamos sujetada una bandera de color rojo y negro con la sigla ELN.

 

Mientras analizaba el retrato acostado, apareció una sombra que cubría mi cuerpo y mire quien producía aquella silueta oscura en mí y era la misma mujer de la foto solo que se veía un poco mayor, al igual que yo, y con el pelo corto. Ella me miró con una cara seria y se le notaba que, al igual que yo, tenía mil dudas de la situación por la que estábamos pasando, le mostré el retrato en el que estábamos juntos.

 

  • ¿Quién sos vos? —Preguntó

  • No lo sé —Respondí

  • ¿Sabés dónde estamos? —Un poco más confundida

  • Menos, nunca había estado aquí —Respondí aún más desconcertado de ver que ella estaba igual que yo

 

Le mencioné que había encontrado la fotografía en el suelo entre la arena y que había muchas cosas en todo el territorio, así que le propuse seguir mirando que información podíamos conseguir…

 

  • Mira un diploma de la Universidad de Antioquia — Le dije

  • A ver qué dice — Respondió

  • Bacteriología… a Omaira Montoya Henao, ¿Serás vos?

  • No lo sé, no creo —Un poco insegura

  • Igual tengámoslo en cuenta, por si sí eres Omaira

 

Seguimos avanzando y encontramos fotografías y textos regados que revelaban mi pasado, como lo era mi antiguo equipo de fútbol, fotos con la que sería mi madre y demás familiares, mi paso por la Universidad y hasta el conocer a Carlos, alguien que según un relato escrito en una hoja de papel decía que había sido un compañero de la universidad con el cual había compartido muchos momentos de mi vida, además, mencionaba que él me había invitado a hacer parte de aquel grupo subversivo denominado ELN y que allí habría conocido a Omaira, la del diploma, que yo estaba cien por ciento seguro que era la mujer que me acompañaba.

 

Sin embargo, ella lo dudaba en extremo; la situación de que en la playa solo encontráramos información de Mauricio Trujillo Uribe, el que al parecer sería mi nombre, y nada de ella la frustraba demasiado. Quería estar segura de quién era en verdad, pues su criterio le decía que hasta no estar totalmente segura de algo no aceptarlo y así fue. En efecto, la frustración llegó a su nivel máximo y Omaira cansada de no encontrar nada en la gran búsqueda que habían realizado en la playa decidió autonombrarse Antonia, pues afirmaba que no cambiaría ese nombre hasta encontrar su verdadera identidad y que el nombre de Antonia le gustaba porque quería decir “Bella como las flores” y aquella playa onírica le gustaba por las hermosas plantas que había en el lugar que contaba con flores de todos los tipos; margaritas, rosas, azucenas…

 

Yo, Mauricio, sentía que mis recuerdos estaban muy bien y en esa seguridad podía afirmar que “Antonia” en verdad era Omaira, pero ella continuaba cerrada en la idea de que no era así, tanto que unos minutos antes me dijo que su verdadero nombre si era Antonia y que por eso se sentía tan bien con él, además dejó de buscar información sobre ella y me ayudó a conseguir más datos de la mía.

 

Finalmente, nos sentamos a las orillas del mar a apreciar la belleza de este y como al fondo se veían los tentáculos de los pulpos que desde el principio estuvieron ahí, ambos estábamos encantados con ese paraíso tanto que yo en ese catarsis me quedé dormido y para cuando desperté volví a la primera playa que recordaba, la lúgubre de ambiente frío e incómodo, sentía mucho dolor físico, podía ver como mi cuerpo sangraba pero en esa visualización del panorama no podía ver a “Antonia”, para mí siempre Omaira, y en cambio veía que estaba rodeado por más de 20 personas, al parecer de la fuerza pública, que me miraban con muy mala cara y me llevaron a lo que sería una cárcel.

 

Mis recuerdos eran más claros y si existía alguna duda sobre “Antonia” ya no la tenía, pues estaba más seguro que nunca que ella era Omaira, esa compañera que iba conmigo en el simca verde que tengo hace ya unos años y que corrió conmigo en las cercanías de la playa para escapar de “los feos”, como eran conocidos los integrantes del F2, quienes nos interceptaron y nos llevaron hasta esa playa que tan sombrías sensaciones me generaba, pero que luego de ser totalmente torturado me llevaría a ese lugar onírico que me traería una experiencia más con Omaira.

 

En medio del maltrato y una vez en la cárcel, no paraba de preguntarle a las “misericordiosas” autoridades por Omaira, pero nunca conseguí respuesta, realicé denuncias, busqué todos los modos de correr la voz para que Omaira fuera búsqueda… Al día de hoy nadie sabe nada de ella, solo es un recuerdo más en mi memoria, quizá ella nunca pudo salir de aquel jardín de pulpos, también de flores, y ahora le da una voz a aquellos que llegan allí como náufragos buscando sus recuerdos arrebatados, perdidos, quizá ahora ayuda a aquellos que olvidados viven su olvido.

 

 

Por: Andrés Felipe Cuervo García

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© 2020 por: Juan Esteban Hincapié Morales, Sara Yepes Zapata, María José Vélez Vasco y Andrés Felipe Cuervo García. Creado con Wix.com

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